Boletín Nº 1. Nota 3.
Paradojas: Mujeres empobrecidas pero más autónomas.
En Argentina las mujeres se han empobrecido, especialmente en los sectores sociales medios y en las colectividades migrantes, sin embargo ganaron en autonomía. Hoy día participan masivamente en el mercado de trabajo y cuentan con leyes que garantizan sus derechos humanos. De todos modos continúan existiendo problemas de discriminación, opresión y maltrato. Estas son algunos de los resultaos del estudio dirigido por Ana Esther Koldorf, investigadora de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), y colaboradora del Observatorio de Género y Pobreza de Argentina.
El proyecto de Koldorf muestra las consecuencias de las políticas neoliberales en el país, a partir de las investigaciones realizadas entre 1994 y 2001 en Saladillo y desde 2000 a la fecha en la Tablada, dos barrios populares de la ciudad de Rosario, en Santa Fe. La experta estudió principalmente el rol que fue asumiendo la mujer en el seno de las familias de clase media frente al deterioro de las condiciones de vida durante la década del 90’.
Según la investigadora en el término de 10 años (1990-2000) unas 7 millones de personas dejaron de ser clase media para pasar a ser pobre. Los más afectados fueron empleados públicos, taxistas, docentes, cuentapropistas, pequeños comerciantes, talleristas, funcionarios de diferentes estructuras del Estado, bancarios y esencialmente jubilados, en todos los casos de ambos sexos.
La situación de empobrecimiento incidió de diferentes formas en las familias. Las cónyuges debieron integrarse al mercado laboral y aceptar cualquier trabajo, también los hijos en edad escolar, incrementándose el abandono de la educación. Asimismo se modificaron los roles domésticos del varón y la mujer, los jefes de hogares desempleados se vieron afectados psíquicamente y las mujeres comenzaron a soportar doble o triple jornada laboral, en consecuencias crecieron los niveles de violencia doméstica.
Estos factores imposibilitaron el acceso de las mujeres a recursos y garantías, debieron dejar de lado la vivienda, el trabajo para toda la vida, el acceso a alguna forma de salud que no fuese el hospital público, educación segura y estable para los y las hijas y la seguridad social para garantizar la vejez.
Por otra parte, el quebrantamiento económico y de las condiciones de vida alimentó la venta de mujeres, éstas se han convertido en la tercera actividad más lucrativa después de las drogas y las armas. “La liberalización de los mercados aumenta el interés por las mujeres como producto sexual de exportación. Las mujeres, pero también los niños y niñas, son objetos y sus cuerpos cosas vendibles, comercializables, destinadas a responder a las necesidades de los hombres”, explica Esther Koldorf.
No obstante, en este proceso de transformaciones económicas, también se produjeron, paradójicamente, importantes cambios en materia de género. La mujer que se incorporó al mercado laboral fue más consciente de su situación de desigualdad en la sociedad, lo cual la impulsó a tener un papel más activo en las luchas sociales.
Se produjo entonces una mayor afirmación de los derechos de las mujeres, que se evidencia en diferentes instrumentos: Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1979 y entró en vigor como tratado internacional en 1981; Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, órgano creado en virtud de la Convención; Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, adoptada por la Asamblea General de la OEA en 1994. Fue ratificada por Argentina en 1996 y convertida en Ley Nacional (Nº 24.632) que se han generado a nivel nacional, regional e internacional.
“La entrada masiva en el mercado de trabajo permitió el manejo de dinero propio, lo que nos ha dado una mayor autonomía. También comenzaron a aparecer nuevas formas familiares. Los impactos de estas modificaciones, económicas y culturales en las mujeres tienden a impulsar una mayor capacidad de negociación, en la medida que les permiten acceder a ideas de emancipación, libertad, igualdad. Pero esta realidad no significa que los problemas de discriminación hayan desaparecido. Se han dado transformaciones más bien en la conciencia y sobre el papel que en el contexto de las relaciones cotidianas, donde siguen existiendo la violencia interpersonal y el maltrato psicológico”, reflexionó la investigadora de la UNR.
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